“Fondo Esperanza para mí fue una bendición”

Lunes, 12 febrero, 2018

Este emprendedor no bajó los brazos y supo seguir adelante, a pesar de todos los inconvenientes que ha tenido en su vida.

Juan Castro es un hombre que ha sabido de lo bueno y malo de la vida. Su historia es de perseverancia y valor, de esas que sólo aquellas personas que han experimentado la carencia y soledad pueden conocer. Hace tres años y medio llegó a Collipulli, IX Región, queriendo encontrar un nuevo camino: “Viví en situación de calle, porque el consumo de drogas y los excesos, me llevaron a eso. Desaproveché lo que ganaba, perdí a mi hijo, mi dignidad y todo lo que tenía”, recuerda.

Fue un tiempo que este emprendedor recuerda como una gran lección para sacar fuerzas y no decaer. “Llevaba así más de un año, cuando sucedió que en un paradero de micro encontré un aviso de una casa de rehabilitación para personas en mi estado. Pedí ayuda a mi madre y me fui a Collipulli, intentando salir del agujero negro en el que me encontraba. Llegando a este lugar, el hogar de acogida ‘El taller del maestro Jesucristo’, mi vida cambió”.

Luego de haber terminado con su rehabilitación y de cosechar mucho cariño entre sus amigos del hogar, decidió seguir viviendo en esa ciudad. “Empecé a buscar trabajo, primero en un aserradero, donde estuve hasta que tuve un pequeño accidente en la mano. Luego encontré donde desarrollarme en la construcción”, cuenta.

A pesar de las adversidades, siempre aparece una luz en el camino y después de la operación que tuvo en su extremidad, una persona amiga lo ayudó para que pudiera comprar algunas cosas y así hacerse comerciante independiente. “Esta señora me conocía desde el hogar, por eso confió en que le devolvería lo facilitado. Me prestó 70 mil pesos y viajé a Santiago a comprar mercadería. Y como mi mamá me vio sano y correcto otra vez,  incluso me ayudó con el pago de los pasajes”.

Se instaló en las afueras del Hospital de Angol, donde llevaba sus cosas en un carrito y fue haciéndose de clientes y conocidos gracias a su buena disposición y humor. “A los seis meses que estaba vendiendo, encontré a Fondo Esperanza. Una vecina le dijo a un hermano de mi iglesia que se integrara y él  me invitó. Llevo como tres años en la institución. Me encanta porque  es muy rico el ambiente, siento que me hice de una familia más”.

Se ha integrado de buena manera a la comunidad de emprendimiento solidario más grande de Chile, por lo que su experiencia ha sido muy gratificante. “En el Banco Comunal ‘Ya verás si no pagas’ somos dos hombres no más, entonces somos súper regalones. Siempre estoy dispuesto a ayudar en lo que necesiten. Aporto llevando actividades como las rifas, les digo chistes y participo en todo lo que tenga que hacer. Incluso, como trabajo afuera del hospital, a veces me piden que les saque hora a algunas y lo hago. En verdad no es ninguna molestia”.

Si bien Juan es un hombre que pudo salir del mal período de su vida en el que se encontraba, se presume que es un trabajo arduo para poder lograr metas cuando se es excluido de la sociedad. Logró recuperar a su hijo y el cariño de su madre, teniendo con eso muchas más ganas de surgir. “A  las personas que están solas o en las cárceles, les digo que si yo pude cambiar, todos pueden. Tenemos que escuchar el llamado. Fondo Esperanza para mí fue una bendición. Pasé de estar en la calle, no haber tenido nada, a poder hacer mi vida honestamente. Partí con unas cajas plataneras y ahora tengo un triciclo. Incluso y, si Dios me ayuda, podré comprar un auto”, concluye.

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