“Fondo Esperanza no me abrió una puerta, me abrió un portón”

Viernes, 17 febrero, 2017

En Antofagasta, II Región, vive una emprendedora con un negocio diferente que la ha llevado a incursionar el campo de la medicina con plantas.

Juanita Véliz (61) es una mujer que trabaja de forma independiente por opción. En un comienzo lavaba y planchaba ropa a domicilio, pero el 2011 decidió darle un giro a su vida y comenzar un emprendimiento que siempre le había llamado la atención.

En la actualidad, la antofagastina tiene su propio local de fitoterapia, medicina a través de plantas, donde vende productos de cosmética y de uso diario, que son fabricados por ella misma. “Vendo gel, pomadas, ungüentos a base de hierbas, jabones emolientes y de uso terapéutico, shampoo, cremas, sales de baño, etc. Atiendo acá en mi casa y también distribuyo en farmacias naturistas de Antofagasta. Me ha ido muy bien porque es un negocio que se mantiene durante todo el año, que no produce baja en las rentas”, indica.

La fitoterapeuta estudió sobre el uso medicinal de las plantas en un centro especializado en Santiago, donde también aprendió a hacer masajes descontracturantes que realiza a sus clientas. Hace unos años tuvo la posibilidad de hacer un taller de Prodemu y fue ahí cuando una compañera le comentó de Fondo Esperanza (FE). “Me invitaron y al principio estaba con temor porque nunca había participado en algo así. Me empezó a gustar harto y fui hasta presidenta de mi grupo. Somos un buen Banco Comunal (BC), no tenemos deudas, no nos atrasamos en los pagos y siempre hemos sabido sobreponernos a todo”, explica.

Respecto a su emprendimiento, Juanita es enfática en señalar que hay que tener mucha paciencia, dedicación y –sobretodo- precisión para hacer cada producto, ya que todos tienen medidas e ingredientes distintos. “Esto me apasiona, por eso lo estudié. Es maravilloso poder vivir de ello. Mis productos los hago en la noche, porque es cuando estoy más relajada y tengo más tiempo. En el día me dedico a vender. Antes fabricaba cerca de 4 kg. de productos, ahora puedo llegar a producir 45 kg. Todo eso gracias a la organización. Siempre he dicho: Fondo Esperanza no me abrió una puerta, me abrió un portón. Me dio una oportunidad espectacular para lograr comprar ingredientes, maquinarias y muebles que me permiten hacer gran variedad de cositas para vender”, cuenta.

Hoy, Juanita tiene –incluso- una bodega en la que guarda materiales y esencias. También cuenta con una camilla especial y espera prontamente poder adquirir una máquina para producir aceites de forma industrial.

Sobre sus logros, la emprendedora señala que lo fundamental fue el desarrollo personal. “Realizarme fue lo mejor. Cuando eres dueña de casa, no te puedes dar gustos. Ahora me doy tiempo para mí y para hacer lo que quiera porque tengo mi dinero. He crecido mucho en lo personal y en lo espiritual. Siempre he pensado que cuando logras tu estabilidad, la vida te sonríe y después se te hace más fácil cumplir tus objetivos”.

“Esta institución te humaniza. He traído gente que no tenía los medios para emprender y ahora ves su progreso y te sorprende muy positivamente. Mi paso por la organización ha sido sumamente positivo y me quedo con eso. Me abrieron las puertas e hicieron crecer mi negocio como nunca soñé. Fondo Esperanza me dio todo el respaldo que necesitaba porque creyó en mí”, finaliza.

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